El valor de cambio de un palacio

El Objeto arquitectónico (la Obra) es contabilizable y contabilizado, representa una capital (ligado a las leyes de la propiedad privada) y, para salvaguardarlo, es sublimado por la clase dirigente como objeto supremo de Arte; la protección, que se crea por la acumulación de dinero inscrito, real e ideológicamente, representa a esa clase. El valor «estético» es proporcional al valor de cambio del objeto arquitectónico y ambos, confundidos entre si, se transforman en sacralización del objeto arquitectónico (Obra) se les rodea de mil cuidados y mil leyes, multitud de comisiones se apresuran a protegerlos a nivel institucional. Esta sacralización, este despliegue en el plano práctico del respeto frente a la arquitectura, no es sino una forma de falsa conciencia suscitada por el Dinero y no se incluye, tal como muchos parecen pensarlo, en una nueva simbólica. Lo sagrado de la arquitectura se interpone entre el individuo que la vive y el de quien la capitaliza antes bien que ayudarla a vivir. La acumulación, en un mundo absurdo, provoca la privación y desarrolla superestructuras misticas y mistificadoras que hallan su protección en la institucionalización de un fervor sacralizado.

J. Aubert, J.P. Jugman, A. Suguer, H. Tonka, Grupo Utopie.
Las razones de la arquitectura. La arquitectura como problema teórico de la lucha de clases
Castellote editor. Madrid, 1976.

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