La izquierda como intuición

Nacho París. 2006

“ El derrumbe de la Unión Soviética no fue un desastre para la izquierda mundial. Ni siquiera estoy seguro de que pueda considerarse un revés. (…) Ni siquiera creo que la ofensiva global del neoliberalismo y la llamada globalización hayan estrangulado nuestras posibilidades. Por un lado se trata de una exagerada propaganda que no sobrevivirá a la deflación que se aproxima. Por otro engendrarán, han engendrado, su contratoxina.”

Immanel Wallerstein. Una política de izquierdas para una época de transición

La izquierda: de la puesta en cuestión terminológica a la negación del sentido de su existencia.

No podemos dejar de atender someramente a su origen histórico –que habitualmente se sitúa en la distribución de los escaños de la Asamblea constituyente Francesa de 1789 a derecha e izquierda del presidente, según se fuera monárquico o republicano– ya que obviamente pudiera ser que, habiendo sido útil hasta el siglo XX hoy, dadas las transformaciones político-sociales recientes, –transformaciones que habrían afectado tanto a los tradicionales movimientos de izquierda como al capitalismo– ya no sirviera. Pero también fuese posible que, en los esfuerzos teóricos por cuestionar su validez exista implícita una pretensión de vetar el derecho a la existencia de la actividad izquierdista, de forma tal que desdeñando la utilidad del término se negaría también la pertinencia de cualquier acción asociada a su ideología. Así, la puesta en cuestión de la palabra podría interpretarse como un intento de negar la realidad social que define; y es que, probablemente, el hecho de que el término izquierda se presente como, insuficiente, inadecuado o limitado para definir la diversidad de situaciones y movimientos de contestación tendría que ver más con una presión ideológica neoliberal destinada a negar la existencia y el sentido de la izquierda que con un mero debate semántico.


Desde esta perspectiva es posible que parte del descrédito o la crisis de la izquierda no fueran si no un capítulo más de la batalla por el lenguaje que la ofensiva neoliberal está librando tan brillantemente. En esta línea nos recuerda Mattelart (1) que es una tarea esencial “practicar la duda metódica y refutar la idea de la a-topía social de las palabras que nombran al mundo, para identificar el lugar desde donde hablan sus creadores y sus operadores.”
Para S. Alba Rico (2) está en la tradición de la derecha negar el antagonismo derecha/izquierda; una retórica que iría desde el discurso Joseantoniano de la patria por encima de las diferencias, y la retórica nacionalsocialista del fascismo hasta el There is no alternative de Margaret Tatcher o la contemporánea (e irresistible) horizontalidad del mundo que pone fin a la historia y disuelve la oposición izquierda/derecha.
Pero la realidad es que las transformaciones que experimentamos en el marco de la globalización financiera y la mercantilización del mundo, sumadas a un envite ideológico reaccionario, que permite hablar de la existencia de un nuevo fascismo –recordemos en el caso de EEUU: Patriotic Act, Guantánamo, el fundamentalismo religioso como razón del gobierno y el imperio…, y en el orden economíco el proceso de precarización laboral que alcanza ya a la “europa social” y que en el caso de la Francia de Chirac y Villepin se expresa a través del CNE (contrato de nuevo empleo) y el CPE (contrato de primer empleo); o la incapacidad europea para confeccionar una constitución de un mínimo corte social…– están poniendo en cuestión derechos que se habían considerado ya conquistados, a la vez que se desregulariza el mercado laboral, que se desmantelan y privatiza los servicios y bienes públicos, que se crea un paro estructural; y en definitiva se genera un a situación que imposibilita su análisis en términos de una moderación global, de un reformismo social planetario capaz de  disolver el antagonismo  izquierda /derecha.
Puede servirnos como ejemplo la situación en Latinoamérica, región que ha sufrido de manera más salvaje el proceso de globalización financiera y mercantil trasnacional y que ha agudizado la miseria y la exclusión social, generando un rechazo que se ha traducido en diversas, nuevas y radicales formas de contestación y resistencia que a pesar de su variada orientación ideológica pertenecen sin duda (y según ellos mismos) al ámbito de la izquierda, así desde el Ejercito Zapatista Mexicano al FMLN de El Salvador, a la revolución Bolivariana de Chavez, a los grupos guerrilleros de Colombia, o el movimiento indigenista Ecuatoriano o las asambleas barriales argentinas y el movimiento piquetero; respuestas distintas para problemas diferentes pero que van constituyendo la izquierda contemporánea, aunque como dice el Comandante Marcos sea una izquierda más intuitiva que ideológica.

La izquierda política y la crisis de la izquierda.

No deja sin embargo de ser cierto que en la medida en que las circunstancias han cambiado, operándose importantes transformaciones en el modo de producción capitalista, muchas de las herramientas de análisis propias de la izquierda, podrían estar obsoletas y debieran ser profundamente revisadas, con el objetivo de interpretar crítica y eficazmente las condiciones del capitalismo contemporáneo.  Pero además, las dificultades experimentadas por la izquierda para ser de izquierdas, o para mantener una coherencia con sus presupuestos, sobre todo en los momentos y lugares en los que disfruta o ha disfrutado del poder, tanto como en aquellas circunstancias en las que se convierte en grupo de presión y se termina dotando de las herramientas propias de este –burocracia, jerarquía etc.– son también culpables de un descrédito que forzosamente pesa como una losa.
lo cierto es que los grupos que explícitamente se declaran comunistas o socialdemócratas (dos de las grandes tradiciones de la izquierda) de algún modo constituyen el conjunto que más ha sufrido una deslegitimación producto de esa “crisis de la izquierda”, y que como apuntábamos antes, esta íntimamente ligada a los procesos históricos en los que estos grupos han gobernado o han participado del poder –momentos en los que se ha puesto de relieve las contradicciones de la izquierda y su incapacidad transformadora del mundo, y que han sido la expresión del fracaso general (a pesar de la innegable existencia de importantes logros), de esa estrategia histórica que pretendía; primero tomar el poder y después transformar la realidad–. Una estrategia decimonónica que era, posiblemente, la única factible entonces; y que, desgraciadamente, murió de éxito, ya que casi todas las corrientes de izquierda han ejercido en algún momento y lugar el poder sin conseguir transformar el mundo. Así, aunque se combatieran determinadas desigualdades se crearon otras; ya fueran de status, raza, género…y eso tanto los regímenes comunistas como los gobiernos socialdemócratas, que también construyeron y construyen formas propias de dominación y desigualdad. Pero los errores en el ejercicio del poder cometidos por la izquierda no han sido los únicos culpables, no se puede pasar por alto que son muchos los momentos históricos en los que a sus intentos de gobernar desde una izquierda real y democrática se les ha declarado una guerra en la que, con el objetivo de derrocarlos, se han empleado todos los medios sociales políticos y militares necesarios –recurriendo a invasiones, financiando golpes de estado …– pero  el efecto de esta agresiva política no ha sido exclusivamente la caída de numeroso gobiernos democráticos y de corte social, creo que su sentido último era advertir al mundo sobre la imposibilidad del Estado de derecho para transformar la economía.

Actualmente, algunas formaciones, sobre todo en el ámbito de la socialdemocracia, pero también en el comunismo, al resquebrajarse su base social han evolucionado en busca del pluralismo hacia una cierta indefinición ideológica, o expresan su ideario con un pudor que suena a renuncia, o se han convertido a un mero reformismo que, en su sentido estricto, no es anticapitalista. Se han orientado hacia una condición gestora de la realidad, abandonado su voluntad transformadora y manifestando una extraordinaria debilidad estratégica, –lo cual las ha aproximado al espacio de centro–. Estas formaciones, en la medida en que aceptan las reglas impuestas del juego económico y transigen con la realidad social existente tienen más similitudes que diferencias con la derecha; lo cual fuerza, en determinados momentos, una teatralización del antagonismo entre las izquierda y las derecha próximas al poder, un fenómeno íntimamente ligado al espectáculo electoralista en el que se ha convertido la vida política de las democracias burguesas y que esta destinado a ocultar la connivencia contemporánea del poder político con las elites económicas.
De manera que al desastre político en el bloque soviético hay que sumarle la deriva ideológica de la izquierda europea; que no solo ha sido incapaz de introducir reformas importantes, sino que se ha apuntado al desmontaje del estado de bienestar y a la ética corrupta en el ejercicio de la responsabilidad pública que el sistema económico actual favorece. Esta situación expresa no solo la tan traída y llevada crisis de la izquierda, si no una crisis más profunda la crisis de legitimidad de la democracia.
De todos modos, y a pesar de sus errores históricos, las tradiciones socialistas, y anarquistas no han dejado nunca de advertir sobre los riesgos del dominio de la lógica capitalista y dado que esa lógica es la que ampara la contemporánea ofensiva neoliberal, en la medida en que el capitalismo pugna por ser aún mas capitalista, se entiende la extraordinaria pervivencia de multitud de pequeños, y no tan pequeños, grupos que conservan una cierta ortodoxia ideológica comunista (sobre todo perviven grupos procedentes del comunismo antiestalinista; trostkismo, luxemburguismo, comunismo libertario…ideologías en definitiva de menor participación histórica en el poder). Queda de la vieja izquierda también el poder del movimiento sindical, una importante red de organizaciones estables en todos los ámbitos geográficos –locales provinciales nacionales e internacionales–. Sin embargo, en la Europa de la posdemocracia (3) el creciente corporativismo de los sindicatos es cierto los aleja de los presupuestos ideológicos de transformación social mas estrictamente izquierdistas, además el proceso globalizador también amenaza e estas organizaciones; la nueva derecha propone como los sindicatos del mañana “asociaciones de personal, con base en el lugar de trabajo en particular y no ideológicas, excepto en lo que se refiere a entender que la prosperidad de sus miembros está ligada a la de sus empleadores”, según ya aventuraba el Times de Robert Murdoch en 19926
Mientras en los países con salarios bajos, o en vías de desarrollo, donde los mecanismos democráticos no son fuertes, si se permiten los sindicatos, estos deben ser débiles y jugar un papel de comparsa que forzado por la represión, permita que el coste de la mano de obra sigua siendo bajo y el botín de los beneficios se reparta entre las elites locales y los inversores extranjeros.  Otra historia son los nuevos movimientos sindicales agrarios en Latinoamérica, a veces de carácter indigenista y fuertemente vinculados a nuevas formas de activismo social y con una seria voluntad transformadora y cuyas largas luchas en Brasil, Bolivia o Ecuador, están dando frutos. Así que frente a la ofensiva ultracapitalista de la globalización y su rebaja permanente y transnacional de la mano de obra, la respuesta de los sindicatos no puede ser otra que la creación de vínculos internacionales efectivos, de una solidaridad internacional que refuerce sus posiciones.

La “izquierda social” y el activismo.

Las transformaciones operadas en el proceso de globalización, y tras el derrumbe del bloque soviético, han afectado severamente a la manera de entender el abstracto concepto de izquierda; y es posible que las ideas o teorías más globales o totalizadoras, como el marxismo, que sin duda proporcionaron y proporcionan elementos o herramientas útiles e indispensables para el ejercicio de la crítica contemporánea, hayan tenido, en cierto modo, y probablemente como consecuencia también de conocidos fracasos históricos, desacertadas puestas en práctica, o lecturas parciales, un efecto que en algunos sectores podríamos calificar de inhibidor. No quiero decir que determinadas propuestas, históricamente ligadas a la acción de la izquierda, no sean ya válidas, pero sí, que proporcionan herramientas útiles para la acción local en la medida en que su unidad teórica se recorta o se rompe. Es observable, sin lugar a dudas, el proceso de atomización ideológica experimentado en las nuevas formas de organización y reivindicación izquierdistas; con esto me refiero a la sustitución de las grandes ideas por una crítica discontinua, local o particular, que supone un desmenuzamiento de los movimientos de izquierda en una diversidad y pluralidad, que combate aspectos muy concretos o problemas coyunturales. En este sentido, Rodríguez Araujo7 distingue entre comunidades teóricas y comunidades de acción, y sitúa a la nueva izquierda, básicamente como una comunidad de acción, y a la vez sospecha que cualquier intento de convertirla en una comunidad teórica estaría abocada al fracaso. De manera que actualmente podríamos considerar como movimientos o grupos de izquierda a determinados sectores críticos sin un ideario global; creo estos grupos esencialmente locales, tanto geográfica como temporalmente hablando, crean, desde sus planteamientos, una producción teórica autónoma que no necesita para su validación como movimiento crítico el visado de una idea global, la legitimación de una teoría unitaria. De manera que, frente a la pregunta: ¿que es ser de izquierdas? ante los problemas o las discusiones bizantinas sobre su identidad se imponen, en el hacer cotidiano acciones e iniciativas que intentan resolver la cuestión de una manera más inmediata contestando no tanto al ¿que ser? como al ¿que hacer?
Pero sobre todo es la conciencia del fracaso experimentado en la estrategia histórica que antepone la toma del poder a la transformación de la realidad, lo que distingue a estos movimientos de los partidos de la izquierda institucional; los movimientos cívicos o sociales, o el activismo, funcionan por oposición inmediata, pretenden ir transformando la realidad a partir de problemas y situaciones concretas, y aunque, evidentemente, hoy existen gobiernos que se consideran de izquierdas, o una izquierda opositora que aspira al poder, parece que la característica de la nueva izquierda sería la sustitución de esa aspiración, por la búsqueda de una eficacia inmediata en la solución de los conflictos presentes. Sin embargo lo que resulta preocupante a partir de esa renuncia al poder es observar el desequilibrio entre la actividad de la izquierda alternativa y antisistema y su escaso reflejo en las elecciones. Wallerstein8, para superar esa fractura, propone “utilizar tácticas electorales defensivas” que consisten en considerar las elecciones como un asunto absolutamente pragmático, y en participar de la batalla electoral desde la idea de un frente amplio o una izquierda plural, para no ceder el poder absoluto a la derecha, pero teniendo la clara conciencia de las limitadas posibilidades transformadoras que ofrecen las victorias electorales.
Estamos hablando de una actividad, la de la izquierda alternativa, cuya influencia es enorme y con una capacidad demostrada de trascender esos problemas concretos o esas situaciones locales y buscar puntos de encuentro y elementos comunes que permitan el reflejo global de los problemas que abordan. Seattle, el Foro Mundial de Porto Alegre, Génova… demuestran la capacidad de acción y organización y las dimensiones de esta izquierda; que, en cualquier caso, aunque no proponga soluciones absolutas, no supone tampoco una rebaja luchar por profundizar en la democracia, gravar el capital especulativo o determinadas transacciones financieras, o no pagar la deuda externa, o defender los derechos humanos, o la libre circulación de personas, o el desarrollo sostenible, o la paz, o querer poner fin a la tortura, o a los desequilibrios entre primer y tercer mundo, o proponer una renta básica. Queda por saber que posibilidades existen de que esas diversidades se organicen en torno a una estructura flexible y si pueden surgir propuestas de transformación profunda para organizar una contrapolítica  global frente a la ofensiva neoliberal.
Es necesario, no obstante, volver aquí a señalar, a pesar del mundo globalizado (no olvidemos que este es un proceso de creación de desigualdades), las enormes diferencias entre las diversas situaciones de la izquierda en las diferentes partes del planeta, pensemos por ejemplo en el reciente caso de Bolivia y el ascenso al poder de Evo Morales, donde se expresa  de alguna manera la superación de las contradicciones antes expuestas entre los movimientos sociales y su efectividad política; pues resulta cierto aquí que los movimientos indigenistas, que defienden la propiedad nacional de las materia primas, han conseguido trascender su protesta coyuntural, y tras años de lucha obtener un poder legítimo y democrático que plantea profundas y reales transformaciones económicas

Hay dos características que destacar de los nuevos movimientos sociales y del activismo a nivel general. El primero de los aspectos que más llama la atención es el poderoso proceso de deslocalización de los movimientos de izquierda (a pesar de su intención de actuación local), de manera que en paralelo al desarrollo de la globalización financiera, propiciada por las nuevas tecnologías de la comunicación, ha surgido entre los intersticios y pliegues de una tecnología desarrollada con otros fines, una globalización contestataria extraordinariamente eficaz en la comunicación de sus preocupaciones e intereses; proliferan así los movimientos de solidaridad internacional, de manera que en Londres o Québec o Belgrado se puede uno movilizar en ayuda de cualquier cuestión local en otra parte del planeta, a la vez que grupos y partidos ilegales perseguidos en sus países pueden mantener una comunicación activa a pesar de su exilio. Se multiplican las páginas donde uno puede tener conocimiento de todas las actividades contestatarias a nivel mundial e incluso se organizan grupos cuya actividad es de puro activismo virtual y se experimentan nuevas formas de debate y discusión en foros y listas de correos que permiten trascender esa primera instancia de internet como herramienta de información hacia modos de comunicación no unívocos. En este sentido el levantamiento indígena de Chiapas puede ser un ejemplo pionero de la influencia internacional de un movimiento local, a través de tácticas de contestación y comunicación nuevas; de hecho la trascendencia en la nueva izquierda internacional del EZLN y sus estrategias ha llegado a ser posiblemente mayor que en el propio México.
Otra de las características de las movilizaciones contemporáneas es la batallas de la comunicación, y la información. El progreso educativo, la urbanización del mundo, y el desarrollo tecnológico de los medios de comunicación de masas, además de facilitar la movilización política, posibilitan el conocimiento y la comunicación de las injusticias y la denuncia de los gobiernos e instituciones cómplices; y en este sentido también la izquierda se muestra activa, y a la tradición crítica de las radios libres, se suma internet como una herramienta extraordinariamente eficaz; y aquí sí que parece haber un proyecto global de la izquierda, quizá no organizado pero al menos con una voluntad general muy clara: contrarrestar a los medio de comunicación dominantes. Son numerosísimas las páginas de contrainformación o de información independiente que se renuevan diariamente, o las editadas por partidos políticos de izquierda; se multiplican semanarios y revistas y nunca con tan pocos medios se pudo transmitir tanto. La izquierda alternativa ha sabido combinar desde la precariedad la administración de sus posibilidades de intervención en los grandes medios de comunicación –a través por ejemplo de acciones creativas o espectaculares- con la creación de redes de contrainformación independiente; progresivamente los partidos políticos se han ido sumando a esa voluntad de comunicación, de información alternativa a pesar de seguir especialmente, en periodos electorales, secuestrados por el espectáculo mediático.
Y junto a la información, el pensamiento y el archivo de izquierdas; y es que en la misma medida en que se experimenta una creciente escasez de espacios institucionales u oficiales, ya sean públicos o privados, para el trabajo independiente de las clases intelectuales, internet se va constituyendo como una poderosa herramienta para el conocimiento la crítica y el dialogo, que es utilizada por  esa capa de actores sociales, que forzados por las circunstancias y desde la desconfianza hacia un contradiscurso global, estarían desde sus diversas actividades “pensándose a sí mismos” y en esa ejercicio haciendo una labor de pensamiento crítico.
Aunque según Mattelart (op.cit) exista en la izquierda la carencia de un contradiscuro que permitiría a las fuerzas económicas determinar el campo conceptual – “Hay además una regresión o involución de las fuerzas críticas, una retirada de las fuerzas antisistema, frente al análisis de la mundialización / globalización. Este es un problema fundamental, es banal decirlo pero hay que recordarlo. En el momento en que se han derrumbado las grandes utopías de emancipación política, las clases intelectuales (porque no hay una clase intelectual sino diversas clases intelectuales a través del mundo) están atrapadas, sea por necesidad o bien por convicción, por la nueva máquina económica”–. Sin embargo y cuando nada de esto deja de ser cierto, no lo es menos que desde los numerosos think tank izquierdistas, hasta el volumen de los archivos teóricos marxistas y anarquistas, y el compromiso de numerosísimos pensadores e intelectuales críticos desarrollados en internet nadie puede pensar, que la crisis del pensamiento de izquierdas sea tal; simplemente puede que no exista una respuesta unitaria, y que no exista una propuesta global, y que se de una desconfianza hacia los grandes discursos, (que sin duda tienen muchos riesgos en su aplicación política), y además es una realidad que las grandes infraestructura culturales para la creación y comunicación del pensamiento, e incluso el lenguaje, parecen en manos de la alianza entre el capitalismo y el estado  a pesar de los cual, creo que la mayoría del pensamiento filosófico actual sigue siendo de izquierdas.

no existe en ningún caso una disminución de la actividad de la izquierda, más bien al contrario, desde las diversas formas de asociación civil, esta se muestra francamente activa; con lo que se desmiente radicalmente la idea dominante de su desintegración. Aunque algunos grupos rehuyan la terminología política, y ciertamente exista un proceso de disolución de los aspectos mas ortodoxos del ideario izquierdista, lo cierto es que la diversidad de estos grupos y sus múltiples practicas disidentes expresan la vitalidad de la izquierda. Y es que es, en la tradición izquierdista del pensamiento libertario, y en posteriores movimientos que a él se vinculan, como el movimiento hippie, el Mayo del 68, o ciertos aspectos del situacionismo, del feminismo, y del ecologismo, donde, de alguna manera, se anticipan características del activismo actual, –la voluntad asambleária y horizontal, la atención a problemáticas muy concretas y diversas, la capacidad de comunicación con la sociedad civil, así como, de manera general, en su voluntad de acción transformadora de la realidad …– lo cual conecta a estos grupos activistas actuales con cierta genealogía izquierdista.

Recorriendo el presente y construyendo la democracia

Es la progresiva disolución de una genealogía de la izquierda en cuanto a unidad abstracta, en favor de una multiplicidad concreta de hechos, que en su condición de acción crítica, están dibujando las nuevas fronteras de la izquierda. Parecería en principio que la izquierda social se muestra más activa, eficaz y renovadora que la izquierda política (e incluso es, a menudo, muy crítica con esta) y que la ontogenia de una izquierda futura pasará inevitablemente por la capacidad de desarrollo y de cohesión flexible de la izquierda social. Aunque no puede uno dejar de plantearse hasta que punto las nuevas resistencias de individuos y grupos son como dice Mattelart “de naturaleza darwiniana y sólo traducen la capacidad de la humanidad para “adaptarse” a nuevas condiciones”.
En resumen, nos encontramos ante el revelo de la izquierda por parte del izquierdismo y la sociedad civil; de su capacidad para interpretar e intervenir en una misma acción y para crear nuevas formas de organización, depende el futuro de la izquierda, una izquierda posiblemente sin utopías pero con una reclamación común, la conquista de una democracia profunda y verdadera, es decir de una democracia participativa, de una democracia como proceso, que no se reduzca a un parlamento, dos partidos con opción de poder íntimamente ligados a grupos financieros, y una menguada ración de derechos civiles, si no que reclame acabar con la auténtica brecha existente: la de los dominadores y los dominados, la de los súbditos y los mandatarios, exigiendo la participación de la sociedad en el gobierno del mundo.

En cualquier caso conviene no olvidar, cuando se pone en duda el sentido de la izquierda, que habitamos un orden social y político que no es dado, una construcción a todas luces injusta y que no nos pertenece, pero que siendo una construcción humana podemos intentar transformar, de manera que mientras en alguien exista esa voluntad de transformación (aún a sabiendas de que serán más las renuncias que los logros) existirá la izquierda. Y si al final el problema vuelve a ser terminológico, entonces como bien dice García Calvo9, “si se ven las cosas del lado del espectador entonces ya se sabe, como en el espejo: la izquierda es la derecha y la derecha la izquierda” y se pone así al descubierto la “cicatriz enconada de la falsa contradicción por si ello puede servir a que reviva la contradicción verdadera, la herida del pueblo, de la vida, de la razón, que late por debajo de esa cicatriz siempre cerrada en falso”

(1) Entrevista con Armand Mattelart : Intelectuales, comunicación y cultura: entre la gerencia global y la recuperación de la crítica. Revista de Economía Política de las Tecnologías de la Información y
Comunicación .www.eptic.com.br  Vol.V, n.1, Ene./Abr. 2003

(2) Alba Rico S. Contra la afonia. Ed. Las Otras caras del Planeta. Coord. Perezlera, C.y Fernández de Castro, J. I.

(3) El sociólogo Colin Crouch en Posdemocracia (Ed Taurus) propone este termino para definir el proceso actual de conversión del sistema político de las “democracias avanzadas” en un espectáculo mediático en el que se ha reducido el grado de participación pública y de interacción entre la ciudadanía y los partidos políticos; mientras grupos de presión, al servicio de los intereses del mercado y las grandes empresas, son los que ejercen el poder real. Esto traería como consecuencia más inmediata la reducción de las políticas igualitarias.

6 Citado por Dan Gallin en Sindicalismo y nuevo orden mundial Artículo publicado en Iniciativa Socialista nº 32.

7 Rodríguez Araujo, Octavio. Izquierdas e izquierdismo (de la Primera Internacional a Porto Alegre), Siglo XXI Editores, México, 2002.

8 Immanuel Wallerstein. Una Política De Izquierdas Para Una Época De Transición. Conferencia en la Socialist Scholars Conference, New York City, 13 de abril de 2001, publicada en Iniciativa Socialista http://www.inisoc.org/waller64.htm

9 Garcia Calvo A. La cicatriz enconada de la falsa contradicción. Revista Archipiélago nº 45/2001 Ed. Archipiélago

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