Los ojos desguarnecidos. En torno a “No return” y “Poems” de Xisco Mensua

“No return” es un políptico compuesto por doce dibujos. La primera imagen –si leyéramos el conjunto como un texto– es una frase dibujada: “No return”. A partir de ahí, como construyendo un relato, ordenados en tres filas de cuatro dibujos, estrictamente dispuestos y buscando un orden compositivo, se suceden personajes, escenas y paisajes realizados en tinta sobre papel. Imágenes de origen fotográfico o que hacen referencia al mundo del cine, o que son directamente extraídas de películas de Tarkovsky, Pasolini, Antonioni, o Rossellini. Imágenes dibujadas que piensan otras imágenes y que en virtud de su pertenencia a un complejo campo cultural se constituyen en vehículos de significación; lo visible no como la realidad sino como lo que elegimos o decidimos ver. Metaimágenes; en tanto que representaciones visuales que se exponen a sí mismas para ser sometida a escrutinio, a la vez que se mantienen como representaciones de otra cosa. Se apela de este modo a la identidad mutable singular y a la vez definitiva de la imagen. Se trata de una paradoja técnica que nos permite salir fuera de la imagen, y luego volver a ella críticamente. De la fotografía o la película al dibujo, la migración de la imágenes de un medio a otro acentúa la polisemia de los motivos visuales.

La esperanza de una revelación, la solución de un misterio, la promesa de un sentido, pervive extrañamente y se incrementa en esa migración de técnicas. La invitación al desciframiento es inmediata, la búsqueda en el registro de la memoria, el rastreo de nuestro archivo mental y la sensación de desasosiego respecto al sentido de la obra acompañan a un cierto deja vu. A pesar de que la primera imagen, la frase dibujada “No return” nos ofrece una pista, la relación entre los dibujos se ofrece sin una llave hermenéutica que nos revele fácilmente su sentido. “No return” alude fundamentalmente al inexorable paso del tiempo y al drama inevitable de la muerte y la ausencia; pero a la vez, a los conjuntos estéticos y filosóficos que nos permiten observarnos y a las tecnologías visuales de representación y su capacidad de aprehender el tiempo. En cierto sentido dos nostalgias se expresan aquí simultáneamente; de una manera evidente la obra se refiere “al trayecto de la vida de los seres que por definición no tiene marcha atrás” a “un relato más o menos unitario cuyo tema es la memoria que siempre lleva consigo la constatación de una pérdida”(Xisco Mensua) pero simultaneamente se esconde una sospecha hacia las ilusiones positivistas de la modernidad a través de la expresión de la crisis de dos saberes con una compleja relación mutua y radicalmente modernos: el cine y el psicoanálisis. Decía Wittgenstein que: “El cine es algo muy parecido al sueño y las ideas freudianas son susceptibles de aplicarse inmediatamente a él.” Pero el cine dicta historias y construye los avatares del deseo de los sujetos mientras el psicoanálisis más bien señala la imposibilidad de construir una historia definitiva. Xisco Mensua no solo cita el cine al utilizar imágenes provenientes del mismo, utiliza esa apariencia secuencial y de relato unitario. Pero ese continuo es irónico, no hay retorno, pero tampoco futuro, solo una suma de momentos, un presente fugaz. El cine como memoria es otro intento fallido de detener el curso imparable de la vida. La naturaleza secuencial del cine es aquí robada y después aparentemente devuelta en un ejercicio retórico. Tras haberles hurtado a las imágenes cinematográficas su condición de devenir, los dibujos, son dispuestos en una estructura secuencial, sin embargo su relación es puramente dialéctica. Xisco Mensua despoja al cine de su condición pornográfica, la relación entre las imágenes sugiere aquello que es inextricable, lo no visible o lo irrepresentable. Hablando de las ausencias, de lo indecible, de lo impar, pone en común el carácter no positivista del cine y el psicoánalisis pero sobre todo en lo no-mostrado, en los espacios entre cada dibujo, en las afueras de cada imagen, se edifica la sospecha de que algo aun permanece oculto; mientras se desvela la vigencia del poder de fascinación de las imágenes y de lo poco que sabemos de ellas, nuestros ojos nos parecen ahora tan desguarnecidos como siempre.

“Poems” se compone de seis dibujos en los que se mezclan imágenes y textos caligrafiados. Las citas pertenecen a S. Beckett, T.S. Elliot , W. B. Yeats, Ezra Pound, E. Dickinson y W. C. Williams. En los tres primeros dibujos, el texto es cuidadosamente copiado, casi como un falsificación, e ilustrado con un dibujo en negativo: papel negro, tinta blanca y siempre dos figuras humanas entre la muerte el amor la pérdida y la soledad. En los tres siguientes cuadros, en cada uno de ellos dos dibujos uno en positivo a la derecha otro en negativo a la izquierda y la cita caligrafiada en lápiz. Si no existe un medio puro, si toda imagen es texto y todo texto imagen (Mitchell) aquí distinguir entre ambos como campos de representación diferenciados carece más que nunca de sentido. Cada imagen, como cada escena, es un texto y cada texto es a la vez imagen. La relación entre ellos es explorada de manera intensa mas allá de las meras diferencias formales o estructurales, de las comparaciones, de las connotaciones o de las sugerencias más inmediatas. Imagen y texto se enredan en una relación dialéctica que explora la heterogeneidad de cada medio y la capacidad representativa del diálogo que ese establece entre ellos. Como dijo Foucault “la relación del lenguaje con la pintura es una relación infinita” Como Simónides de Ceos, Xisco Mensua ha concebido la palabra como algo visible, como una imagen sobre el plano, como si palabra e imagen fueran fruto de una misma operación intelectual y produjeran objetos de idéntico tipo(A. L. Gabreloni). La pintura como poesía silenciosa (tên zôgraphian poiêsin siôposan) y la poesía como pintura que habla (lalousan). En un desplazamiento entre sus lógicas de producción de sentido las imágenes son figuras literarias o poéticas, como figuras de pensamiento; y el texto no simplemente palabra escrita, sino la palabra impresa como dibujo; generando una obra que aparenta estar enredada plenamente en las redes del lenguaje pero que manifiesta la irreductibilidad de la imagen a la palabra y de la palabra a la imagen y que es afortunadamente resistente a la competencia lingüística, a la descripción o la interpretación verbal, y que se constituyen como una presencia más que en una representación, como un principio activo capaz de generar su propia significación (Didi Huberman) revelando que palabras e imágenes no ofrecen ni más ni menos certeza epistemológica y que la palabra no basta y que las imágenes no bastan, que el sueño del conocimiento y la representación no pueden explicar las ausencias. Y mientras tanto, en esa distancia exacta que a veces es infinita y a veces nula entre el texto y la imagen, Xisco Mensua parece aludir a lo irreparable: “Irreparables son los estados de cosas, tal como ellos son: tristes o ligeros, atroces o felices. Como el mundo es, como tú eres, esto es lo Irreparable.” (G. Agamben)

 

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