la guerra y lo doméstico

DISONANCIA, DOMESTICIDAD Y TRAVESTISMO, 3ESTRATEGIAS FEMINISTAS PARA DESMANTELAR ENTORNOS COTIDIANOS. María García Ruiz. Mayo 2008.

(…) todas las casas son (casi) iguales (salón-cocina-baño-dormitorios), todas las escuelas, hospitales, oficinas, etc. Para crear la realidad del agenciamiento entre arquitectura y actividad hace falta una repetición de las formas en el tiempo que sea capaz de crear un consenso general y cerrar e invisibilizar las controversias iniciales que se dieron en el momento de la creación. Esto significa un proceso de naturalización de las formas arquitectónicas y de automatización de comportamientos dentro de
ellas.

Mark Wigley (4) cuenta en su ensayo Gender House que en los tratados de Alberti sobre la arquitectura doméstica del Renacimiento surge en un momento dado una nueva habitación: el estudio. Esta habitación se crea (evidentemente para el hombre) para la administración de la casa, para escribir y para otros asuntos políticos. A la vez que se crea esta habitación (arquitectura) hay una creación política y subjetiva, política porque se convierte en un derecho de todo ciudadano y subjetiva porque se crea el deseo (de tener una). A la vez que surge el estudio para los hombres, surge el vestidor para las mujeres, y sus consecuentes construcciones sociales, políticas y subjetivas.
Esto es un ejemplo más de cómo la invención de los espacios es una escritura social compleja,que se imbrica con cuestiones políticas, de género, etc.

Como dice Eduardo Serrano (5), habitante y habitación se construyen mutuamente.

Aquí podemos imaginar las continuas y mutuas construcciones que se han ido orquestando a lo largo de la historia de la arquitectura: la arquitecturización de lo domestico, de las instituciones, del espacio público; a la vez que la construcción de la familia, de los alumnos o pacientes, y de los ciudadanos (6). Estas construcciones implican la definición de varias cosas: por ejemplo, de lo que es público y de lo que es privado (dicotomía que es constantemente redefinida, y quesiempre ha tenido una relación directa con la construcción de los roles de género). También, la construcción de la distinción y del lujo (a través, por ejemplo de la calidad de materiales y delos tamaños de los espacios). Otro: la construcción del poder, (que está fuertemente representada por la monumentalización, la jerarquía espacial y el control de las vistas). Beatriz Colomina (7) añade una dimensión más a esta compleja construcción de lo doméstico: la guerra. Y lo hace a partir del análisis de un momento concreto: los años 50 en EEUU.

En los años 50 surge toda una cultura de culto a lo doméstico en los EEUU. La arquitectura moderna se instala como hábitat idílico para el consumo de masas. La explosión de electrodomésticos de todo tipo para equipar la casa, hacen de la tecnología una aliada para mejorar la calidad de vida. Pero todo este ambiente, la consolidación de la arquitectura moderna, es inseparable de la guerra, ya que directamente recicla técnicas, materiales y métodos de ella. La guerra no desaparece. Más bien se prolonga en el consumo de losproductos derivados de la tecnología y de la eficiencia militar. (8)
Y baste el ejemplo de la compañía que los arquitectos Charles y Ray Eames formaron con John Entenza, fabricaban contrachapado que durante la guerra se usaba como tablillas para inmovilizar las piernas de los lisiados y que más tarde (a través de toda una maquinaria compleja de diseño y publicidad, que incluye diseñadores, arquitectos y revistas) se recicla como material de objetos domésticos (juguetes para niños, muebles, adornos, etc.). (9)

Miches Serres escribe que la guerra es un contrato (10). Y que más allá de terminar, la guerra se prolonga a través de otras acciones que tienen que ver con el poder (por ejemplo a través de la dominación). En este caso, ese poder se traduce a través del consumo y de la producción y mantenimiento de una domesticidad ideal.Durante la guerra fría, la domesticidad misma se convierte en arma, las fotos de ambientes domésticos ultra-felices con sonrisa fija, son exportados a todo el mundo como muestra propagandística del triunfo del estilo de vida norteamericano.Y a su vez, la domesticidad misma se convierte en campo de batalla. Por un lado gracias a la televisión (que importa al espacio privado las batallas de la guerra) y por otro gracias al césped,batalla incansable de toda familia suburbana. Cuidar el césped, a parte de suponer un pasatiempo que ahorra gasolina, neumáticos y transporte público (útiles para la guerra), se convierte tras la guerra en la mejor terapia para los problemas mentales. Las mujeres devienen así enfermeras y se anima a la población civil a cuidar de sí misma (a través de las mujeres,por supuesto). Las depresiones de las amas de casa, se unen a las depresiones de los veteranos, y se acucia así la preocupación fundamental de posguerra: las enfermedadesmentales, que se ven además incrementadas por el aislamiento típico de esta forma de vida suburbial.

Las batallas contra los insectos y los topos del jardín se articulan como estrategias militares,llegando a denominar el DDT como la bomba atómica del mundo de los insectos. La violencia se transmite desde los campos de batalla hasta los hogares pasando por revistas de jardinería y productos insecticidas.Los refugios antibombas de la guerra fría, reproducen, de una manera espeluznante, la fuerte ambigüedad estructural de los suburbios norteamericanos: por un lado la amenaza de la
aniquilación total y por otro la creación feliz de un entorno doméstico hiper-equipado.

A través de todo el libro (11), Beatriz Colomina nos hace un recorrido visual (el libro es doble,teniendo las mismas páginas de imágenes que de texto) por todos estos dispositivos queimbrican tan íntimamente la construcción de los entornos domésticos (que además son elcomienzo de la domesticidad tal y cómo la entendemos actualmente) y la guerra (las guerras).Estos dispositivos van desde revistas de diseño y arquitectura, materiales (como elcontrachapado), técnicas, casas, estrategias de comportamiento, publicidad, etc. Y estánfuertemente atravesadas por una construcción muy determinada de los géneros y la diferencia sexual, de la feminidad y de la masculinidad. No me quiero extender en este punto, ya que
cualquiera que haya visto alguna vez imágenes publicitarias de los 50 es capaz de atisbar la diferencia de los roles entre hombres y mujeres, de cómo la mujer se presenta como una prótesis de la casa (de la domesticidad, de la organización interior) además de con atributos femeninos exageradamente impostados y el hombre como prótesis del coche (de la comunicación, de la organización exterior) y siempre asociado a las macro-tecnologías y a las decisiones importantes.

Es por ello que las nuevas tecnologías del hogar y los nuevos diseños de casas se infiltran a través de revistas para mujeres. Es por ello también que se incita deliberadamente a las mujeres a cuidar de la población civil en tiempos de guerra (cuando el estado no da abasto). Y también es por esto, por lo que se exige a los hombres el total control de la situación y de sus emociones.

Lo que quiero decir con todo esto, es que para que el agenciamiento guerra-domesticidad funcione, lo tiene que hacer apoyado en todo el aparataje heteronormativo de la familia y de la construcción de sus roles. Y que además todo esto es performativo, es decir, se incentivan, serepiten y se reproducen todas las desigualdades sociales, (a través de la técnica y de multitudde dispositivos), desde la casa hasta el campo de batalla y viceversa.

(4) “Sexuality and space”. Varios autores. Beatriz Colomina, editora.
(5) Eduardo Serrano, en el texto: “Sobre la triste historia de la puñetera vivienda”
(6) Un claro desarrollo de esta construcción mutua entre la ciudad y sus ciudadanos, y más concretamente entre las estrategias de desarrollo de las ciudades y la forma de entender sus cuerpos, se puede encontrar en el libro “Carne y Piedra” de Richard Sennnet.
(7) Beatriz Colomina: “La domesticidad en guerra”.
(8) Beatriz Colomina: “La domesticidad en guerra”.
(9) Beatriz Colomina: “La domesticidad en guerra”.
(10) Michel Serres : “El contrato natural”.
(11)Beatriz Colomina: “La domesticidad en guerra”.

Arata Isozaki

El gran gerifalte de la arquitectura japonesa, Arata Isozaki, había alquilado una galería de arte en Milán propiedad de Miuccia Prada para una presentación a un cliente importante. Fuera, dos Mercedes negros llenos de guardaespaldas estaban aparcados a ambos lados de la entrada junto con una furgoneta llena de carabinieri. Dentro de la galería había una de esas maquetas del tamaño de una habitación. Isozaki decía que era una villa; en realidad era un palacio para un jeque, el ministro de Cultura de Qatar. Y además de alojar al jeque, su familia, su colección de animales de pura sangre y sus Ferraris, sus Bridget Rileys y su piscina de Hockney, así como una instalación de un paisaje de Richard Serra, el palacio tenía que cumplir con otro cometido. Era un intento deliberado de dar una imagen de profundidad cultural a un territorio desértico con poca tradición urbana. Cada parte del edificio fue adjudicada a un arquitecto o diseñador distinto, y Ios ayudantes de Isozaki se encargaron de organizar una audiencia con el jeque en la que cada uno debía presentar su proyecto. Mientras tomaban café y pasteles servidos por camareros con pajarita negra, los arquitectos esperaron pacientemente hasta que, al cabo de dos horas, por fin apareció el jeque. Vemos aquí la relación entre el poder y la arquitectura en su forma más descarnada, una relación de sumisión ciega a los poderosos tan clara como si el arquitecto fuera un peluquero o un sastre. La villa nunca se construyó. La última vez que oi hablar del jeque fue cuando los periódicos de Londres publicaron la noticia de qtue estaba bajo arresto domiciliario, acusado de malversar los fondos del Ministerio de Cultura.

La arquitectura del poder. como los ricos y poderosos dan forma a nuestro mundo. Deyan Sudjic

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Ibon Areso, concejal de Urbanismo entonces, quien ha controlado con frialdad calculada los encargos durante todo el proceso de reconversión de Bilbao, decidió que a Isozaki se le debía un reconocimiento por haber participado en un concurso con previsible desenlace como el del Museo Guggenheim. El comentario que realizó Areso sobre la solución Isozaki indica que existía un procedimiento y un acuerdo político para salir de la quiebra: “Vamos a hacer una ordenanza que cumpla con el edificio, en lugar de un edificio que cumpla con la ordenanza”. Esta frase inaugura la época del libre mercado y el método laissez faire, laissez passer en las operaciones urbanísticas de Bilbao, con la colaboración especial del siguiente trío: privatización, liberalización y desregulación.

Rashomon, la triple verdad de Isozaki Atea. JAVIER MOZAS. 31/03/2007. EL PAIS

al César lo que es del César, y al César lo que es de Dios

La Epístola a los Romanos lo muestra con claridad: «No hay autoridad sino bajo Dios» (13: 1). Ésa es la teoría. A continuación, en la práctica, elogia la sumisión a las autoridades romanas, partiendo del principio de que los representantes de la autoridad son, ante todo, ministros de Dios. Pablo impide la salida con eficacia: desobedecer a un militar, rechazar a un magistrado, resistir a un prefecto de policía o rebelarse contra un procurador -Poncio Pilatos, por ejemplo…- son ofensas contra Dios. Volvamos a escribir, pues, las palabras de Cristo a la manera paulina: dad al César lo que es del César, y al César lo que es de Dios, para pagar las cuentas…
Provistos de este viático ontológico, los cristianos empezaron muy pronto a vender el alma inútil, en adelante, para practicar los evangelios- al poder temporal; se instalaron en la pompa y boato de los palacios; recubrieron de mármol y oro sus iglesias; bendijeron los ejércitos; santificaron las guerras expansionistas, las conquistas militares, las operaciones policíacas; crearon impuestos; enviaron tropas contra los pobres que se quejaron; y encendieron las hogueras…, todo ello, desde Constantino, en el siglo IV de nuestra era.
La historia es testigo: millones de muertos, millones, en todos los continentes, durante siglos, en el nombre de Dios, con la Biblia en una mano y la espada en la otra: la Inquisición,la tortura, el tormento; las Cruzadas, las masacres, los saqueos, la violaciones, la horca, el exterminio; la trata de negros, la humiIlación, la explotación, la servidumbre, el comercio de hormbres, mujeres y niños; los genocidios, los etnocidios por los conquistadores cristianos, desde luego, pero también, en años recientes, por el clero ruandés junto a los exterminadores hutus; la camaradería con todos los fascismos del siglo XX: Mussolini, Pétain, Franco, Hitler, Pinochet, Salazar, los coroneles griegos, los dictadores de América del Sur, etc. Millones de muertos por amor al prójimo.

Tratado de ateología. M. Onfray

El electoralismo y el Estado. Alain Badiou

Fragmento de La hipótesis comunista de Alain Badiou (PDF) extracto modificado de De quoi Sarkozy est-il le nom?, Circonstances 4, París, Nouvelles Éditions Lignes, 2007, de próxima publicación en 2008 en lengua inglesapor la editorial Verso con el título de What Do We Mean When We Say ‘Sarkozy’?

El electoralismo y el Estado
Si postulamos una definición de la política como «acción colectiva, organizada por determinados principios, que aspira a desplegar las consecuencias de una nueva posibilidad que en la actualidad está reprimida por el orden dominante», entonces tendremos que concluir que el mecanismo electoral es un procedimiento esencialmente apolítico. Esto se torna visible en el abismo que media entre el enérgico imperativo formal del voto y la naturaleza volátil, cuando no inexistente, de las convicciones políticas o ideológicas. Es bueno votar para dar forma a mis temores; pero cuesta creer que aquello por lo que voto es algo bueno en sí mismo. Esto no significa que el sistema democrático electoral es represivo per se; antes bien, el proceso electoral está incluido en una forma Estado, la del capital-parlamentarismo, apropiada para el mantenimiento del orden establecido, y desempeña por lo tanto una función conservadora. Esto crea un sentimiento adicional de impotencia: si los ciudadanos normales no tienen otra forma de intervención en la toma de decisiones del Estado que el voto, cuesta ver qué vías podrían abrirse para una política emancipatoria.

Si el mecanismo electoral no es un procedimiento político sino estatal, ¿qué objetivos persigue? Si atendemos a las lecciones de 2007, uno de los efectos consiste en incorporar tanto el miedo como el «miedo al miedo» en el Estado, envolviendo al Estado con esos elementos de subjetividad masiva, los mejores para legitimarle como un objeto de miedo por derecho propio, preparado para el terror y la coerción. El horizonte mundial de la democracia se define cada vez más por la guerra. Occidente está metido en un número creciente de frentes: el mantenimiento del orden existente con sus gigantescas disparidades tiene un irreducible componente militar; la dualidad de los mundos de los ricos y los pobres sólo puede sostenerse gracias a la fuerza. Esto crea una particular dialéctica entre miedo y guerra. Nuestros gobiernos explican que hacen la guerra en el extranjero para protegernos en casa. Si las tropas occidentales no persiguen a los terroristas en Afganistán o en Chechenia, estos vendrán aquí para organizar a los parias resentidos y encanallados.

Neopetainismo estratégico

En Francia, esta alianza del miedo y la guerra ha recibido históricamente el nombre de petainismo. La ideología de masas del petainismo –responsable de su éxito generalizado entre 1940 y 1944– descansaba en parte en el miedo provocado por la Primera Guerra Mundial. El mariscal Pétain protegería a Francia de los efectos desastrosos de la Segunda, manteniéndola al margen de la misma. En palabras del propio Mariscal, era necesario tener más miedo a la guerra que a la derrota. La inmensa mayoría de los franceses aceptó la relativa tranquilidad de la derrota consensuada y lo pasó bastante bien durante la guerra en comparación con los rusos o incluso los ingleses. El proyecto análogo de hoy se basa en la creencia de que a los franceses les basta sencillamente con aceptar las leyes del modelo
mundial liderado por Estados Unidos para que todo vaya bien: Francia estará protegida de los efectos desastrosos de la guerra y de la disparidad global. En realidad, esta forma de neopetainismo en tanto que ideología de masas es ofertada en la actualidad por ambos partidos

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