El valor de cambio de un palacio

El Objeto arquitectónico (la Obra) es contabilizable y contabilizado, representa una capital (ligado a las leyes de la propiedad privada) y, para salvaguardarlo, es sublimado por la clase dirigente como objeto supremo de Arte; la protección, que se crea por la acumulación de dinero inscrito, real e ideológicamente, representa a esa clase. El valor «estético» es proporcional al valor de cambio del objeto arquitectónico y ambos, confundidos entre si, se transforman en sacralización del objeto arquitectónico (Obra) se les rodea de mil cuidados y mil leyes, multitud de comisiones se apresuran a protegerlos a nivel institucional. Esta sacralización, este despliegue en el plano práctico del respeto frente a la arquitectura, no es sino una forma de falsa conciencia suscitada por el Dinero y no se incluye, tal como muchos parecen pensarlo, en una nueva simbólica. Lo sagrado de la arquitectura se interpone entre el individuo que la vive y el de quien la capitaliza antes bien que ayudarla a vivir. La acumulación, en un mundo absurdo, provoca la privación y desarrolla superestructuras misticas y mistificadoras que hallan su protección en la institucionalización de un fervor sacralizado.

J. Aubert, J.P. Jugman, A. Suguer, H. Tonka, Grupo Utopie.
Las razones de la arquitectura. La arquitectura como problema teórico de la lucha de clases
Castellote editor. Madrid, 1976.

Arquitectura y dominación. (Lebbeus Woods)

En el campo de las ciencias sociales, se suele discutir el espacio en función de la presencia del hombre en él. En arquitectura, sin embargo, son las cualidades abstractas del espacio las que se destacan, por un motivo comprensible aunque no del todo perdonable: los arquitectos son especialistas en la formación de estas cualidades. Uno de los clichés asociados con este enfoque es que el espacio se diseña para ser funcional, lo que significa, en la jerga de los arquitectos, dar a todos los espacios que diseñan una forma pensada para un «programa» de uso humano.

Esto, por supuesto, es absurdo. Los arquitectos suelen diseñar volúmenes de espacio rectilíneos, siguiendo las reglas cartesianas de la geometría, y cualquiera puede observar que semejantes espacios no resultan más adecuados para ser utilizados como despachos que un dormitorio o una carnicería. Todo espacio diseñado es, de hecho, pura abstracción, más fiel a un sistema matemático que a cualquier «función» humana. Mientras los arquitectos hablan de diseñar espacios que satisfagan las necesidades humanas, de hecho son éstas las que se diseñan para satisfacer el espacio diseñado y el abstracto sistema de pensamiento y organización en que se basa el diseño. (más…)