“Quiero decir que, en este gran inquietud acerca de la manera de gobernar y en la busqueda de las maneras de gobernar, se encuentra una cuestión perpetua que sería: “cómo no ser gobernados de esa forma, por ése, en nombre de esos principios, en vista de tales objetivos y por medio de tales procedimientos, no de esa forma , no para eso, no por ellos”; y si damos a este movimiento de la gubernamentalización de la sociedad y de los individuos a la vez, la inserción histórica y la amplitud que creo que ha sido la suya, parce que podríamos situar aquí lo que llamaríamos la actitud crítica. Enfrente y como contrapartida, o más bien como compañero y adversario a la vez de las artes de gobernar, como manera de desconfiar de ellas, de recusarlas, de limitarlas, de encontrarles una justa medida, de transformarlas, de intentar escapar a estas artes de gobernar o, en todo caso, desplazarlas, a título de reticencia esencial, pero tambien y por ello mismo como línea de desarrollo de las artes de gobernar, habría habido algo que habría nacido en Europa en ese momento, una especie de forma cultural general, a la vez actitud moral y política, manera de pensar, etc., que yo llamaría simplemente el arte de no ser gobernado o incluso el arte de no ser gobernado de esa forma y a ese precio. Y por tanto propondría, como primera definición de la crítica, esta caracterización general: el arte de no ser de tal modo gobernado”.
M. Foucault.¿Que es la crítica?
“He aquí por qué hablaba yo de una drástica reducción de las formas y de los contenidos de la política moderna. Se podría también sostener que la identificación entre política y “guerra” se muestra incapaz de conocer y de explicar: I) la articulación que asume el poder en las sociedades de capitalismo avanzado; 2) la politización que ya penetra, en una gama cada vez más extensa de aparatos públicos y de organizaciones sociales; 3) las soluciones provisionales, concertadas y al mismo tiempo móviles, inestables, en desarrollo, que marcan tantos conflictos, cuya politización es difícil negar.
Y es cierto: se puede objetar que raies formas de articulación y de difusión de poderes, tales resultados concertados y “móviles” de conflictos, son no‑decisión, no tienen que ver con la política “real”, con esa dimensión de “guerra”, de dominio, de decisión concentrada y absoluta, que constituiría el requisito específico de la política. Pero esto quiere decir que por “decisión” se asume una decisión determinada, en la que los momentos de la confrontación, del debate, de la construcción del consenso ‑y por lo tanto de la hegemonía (como transformación y crecimiento de sujetos políticos, como nueva fisión de fuerzas)‑ están excluidos de manera prejuiciada, son vistos como dañinos o, por lo menos, como irrelevantes. Quiero destacar que lo que adquiere relevancia en este caso no es la capacidad de la política para decidir, sino un específico decisionismo: absoluto, concentrado, que termina en el dominio físico sobre el “otro”.
Realmente, sin embargo, parece difícil reconocerle a tal noción de la política y de la decisión una suficiente capacidad de explicación de las vías y de los contenidos que han caracterizado gran parte de la acción política en estos decenios.”
Pietro Ingrao. Sobre la guerra. Las nuevas alianzas entre la política y los ejércitos
Ed. El Viejo Topo. 2006
a “(…) los terminos empleados desde la antigüedad griega para definir las formas de gobierno como el dominio del hombre sobre el hombre –de uno o de unos pocos en la monarquía y en la oligarquía, de losmejores o de muchos en la aristocracia y en la democracia–. Hoy debemos añadir la última y quizá más formidable forma de semejante dominio: la burocracia o dominio de un complejo sistema de oficinas en donde no cabe hacer responsable a los hombres, ni a uno ni a los mejores, ni a pocos ni a muchos, y que podia ser adecuadamente definida como el dominio de Nadie. (Si, conforme al pensamiento político tradicional, identificamos la tiranía como el Gobieno que no está obligado a dar cuenta de sí mismo, el dominio de Nadie es claramente el mas tiránico de todos, pues no existe precisamente nadie al que pueda preguntarse por lo qu se está haciendo”
Hannah Arendt. Sobre la violencia
“Si comenzamos una discusión sobre el fenómeno del poder, descubrimos pronto que existe un acuerdo entre todos los teóricos póliticos, de la Izquierda a la derecha, según el cual la violencia no es sino la más flagrante manifestación de poder.” Toda la pólitica es una lucha por el poder; el último género de poder es la violencia”, ha dicho C. Wright Mills, haciendose eco de la definición del estado de Max Weber: “El dominio de los hombres sobre los hombres basado en los medios de la violencia legitimada, es decir, supuetamente legitimada”. Esta coincidencia resulta muy extraña porque equiparar el poder politico con la “organización de la violencia” solo tiene sentido si uno acepta la idea marxista del Estado como instrumento de opresión de la clase dominante.
Hannah Arendt. Sobre la violencia