Intervenciones para (sic) societat i cultura 07/12. MuVIM

Flaneurs

Para (sic) 07/12, Ignacio París ha realizado dos intervenciones. La primera de ellas aparece en el cartel de la exposición y está formada por una imagen doble con un texto impreso encima. En ella la imagen de la izquierda muestra la sala de un museo, con visitantes observando los cuadros y esculturas expuestas y la de la derecha es la escena de una calle del barrio chino donde varios hombres están parados en las esquinas o en mitad de la calle, también observando. El texto reza: «La cuestión del gusto». Ambas imágenes están tomadas desde arriba, en picado, y se les ha igualado la iluminación puntual, adquiriendo un aspecto muy similar entre ellas. Esa construcción visual, que se resuelve con imágenes apropiadas, es una alegoría muy adecuada a propósito de la construcción de la mirada, que es lo mismo que decir sobre la construcción de un imaginario social o una política concretos.

 

West avenue, NY / Avenida del oeste, Valencia. El sueño de Goerlich

En esta doble página, el mosaico de imágenes traza un paralelismo entre la West Street de Nueva York, coronada por una iglesia agustiniana, y la avenida del Oeste de Valencia (hoy Barón de Cárcer) desde la perpendicular calle Xàtiva, en su intersección con la plaza de San Agustín, rematada asimismo por la iglesia de culto a este santo. El juego de similitudes entre ambas revela un extrañamiento: la ubicación de una avenida diseñada y ejecutada a medias sobre un barrio histórico que nada tiene que ver con su modelo neoyorquino. Ejemplo paradigmático de una arquitectura desubicada y ajena a su contexto, en este caso analizada con ironía y sentido del humor a partir de las herramientas tecnológicas de Google Maps.

 

“(…) (sic) societat i cultura, un proyecto expositivo y editorial que adquiere la forma de una publicación periódica. Durante doce semanas, un ejemplar como éste saldrá a la calle con la intención de marcar un territorio, el barrio de Velluters, a partir de un proyecto generado desde el MUVIM, espacio que asimismo acogerá desde el 17 de diciembre la base de datos de (sic) en el Hall del museo. Velluters se convierte en el motivo de estudio, la excusa si se quiere para desde aquí hablar de aspectos que relacionan cultura y ciudad, conceptos muchas veces relacionados y, en ocasiones, tautológicos. Velluters es un organismo vivo sobre el que hacer un diagnóstico elaborado con textos, intervenciones gráficas, opiniones, comentarios, testimonios, imágenes, crítica y memoria. 

“(sic) societat i cultura inicia un recorrido de doce semanas queriendo poner en relación diferentes elementos en apariencia dispares. En primer lugar, responde a un planteamiento de hacer ciudad haciendo cultura, o viceversa, tal y como creemos que debe entenderse la función de los museos en las sociedades contemporáneas. Esto es, pisando el suelo de la sociedad a la que se deben y representan, entendiendo sus espacios físicos como lugares de transacción de conocimiento y generando situaciones que los conecten con el público. La intención del Muvim al plantear un proyecto que incluyera dentro de sí el barrio donde se ubica, ha permitido desarrollar esta herramienta de uso social –periódica pero limitada, fraccionada pero con ánimo de ser un todo correlativo– en vez de buscar un resultado definido o la ilustración precisa de cualquier idea preconcebida.

Álvaro de los Ángeles

 

 

arquitectura, política y psicopatología

al César lo que es del César, y al César lo que es de Dios

La Epístola a los Romanos lo muestra con claridad: «No hay autoridad sino bajo Dios» (13: 1). Ésa es la teoría. A continuación, en la práctica, elogia la sumisión a las autoridades romanas, partiendo del principio de que los representantes de la autoridad son, ante todo, ministros de Dios. Pablo impide la salida con eficacia: desobedecer a un militar, rechazar a un magistrado, resistir a un prefecto de policía o rebelarse contra un procurador -Poncio Pilatos, por ejemplo…- son ofensas contra Dios. Volvamos a escribir, pues, las palabras de Cristo a la manera paulina: dad al César lo que es del César, y al César lo que es de Dios, para pagar las cuentas…
Provistos de este viático ontológico, los cristianos empezaron muy pronto a vender el alma inútil, en adelante, para practicar los evangelios- al poder temporal; se instalaron en la pompa y boato de los palacios; recubrieron de mármol y oro sus iglesias; bendijeron los ejércitos; santificaron las guerras expansionistas, las conquistas militares, las operaciones policíacas; crearon impuestos; enviaron tropas contra los pobres que se quejaron; y encendieron las hogueras…, todo ello, desde Constantino, en el siglo IV de nuestra era.
La historia es testigo: millones de muertos, millones, en todos los continentes, durante siglos, en el nombre de Dios, con la Biblia en una mano y la espada en la otra: la Inquisición,la tortura, el tormento; las Cruzadas, las masacres, los saqueos, la violaciones, la horca, el exterminio; la trata de negros, la humiIlación, la explotación, la servidumbre, el comercio de hormbres, mujeres y niños; los genocidios, los etnocidios por los conquistadores cristianos, desde luego, pero también, en años recientes, por el clero ruandés junto a los exterminadores hutus; la camaradería con todos los fascismos del siglo XX: Mussolini, Pétain, Franco, Hitler, Pinochet, Salazar, los coroneles griegos, los dictadores de América del Sur, etc. Millones de muertos por amor al prójimo.

Tratado de ateología. M. Onfray

Entierro de Calvo Sotelo. MADRID, 05/05/08.

Apolo en posdemocracia

Quizá se objete que este mundo del diseño total no es nuevo -que la combinación de o estético y lo utilitario en lo comercial se remonta por lo menos al programa de diseño de la Bauhaus en los años veinte-, y se tendría razón. Si la primera Revolución Industrial allanó el terreno para la economía política, para una teoría racional de la producción, según jean Baudríllard arguyó hace mucho tiempo, la segunda Revolución Industrial, tal como la Bauhaus la tituló, extendió este “sistema del valor de cambio a todo el dominio de los signos, formas y objetos… en nombre del diseño”. Según Baudrillard, la Bauhaus supuso un salto cualitativo de una economía política del producto a una “economía política del signo”, en la cual las estructuras de la mercancia y del signo se revitalizaron mutuamente, de modo que las dos podían circular como una, como productos imagen con ‘valor de cambio en cuanto signo’, tal como hacen en nuestro tiempo. Por supuesto, no es esto ni mucho menos lo que los maestros de la Bauhaus, algunos de los cuales eran marxistas, tenían en mente, pero tal suele ser la pesadilla de la modernidad, en las astucias de la historia (tal como T, J. Clark la definió en una ocasión). Fíjate bien en lo que deseas, dice un proverbio de la modernidad vista desde el presente, porque pudría cumplirse… de una forma perversa. Así, para quedarnos sólo con el ejemplo principal, el viejo proyecto de reconectar Arte y Vida, de diversos modos sancionado por el Art Nouveau, la Bauhaus y muchos otros movimientos, acabó cumpliéndose, pero siguiendo los espectaculares dictados de la industria cultural, no las ambiciones libertadoras de la vanguardia. Y el diseño es una forma primaria de esta perversa reconciliación en nuestros tiempos.

Diseño y Delito. Hal Foster