Imposibles: furor y ficción, contemplación y derroche. Contra la soberanía sometida del arte

El teatro que esperáis, incluso el más absolutamente nuevo no podrá ser nunca el teatro que esperáis. De hecho, si esperáis un nuevo teatro, lo esperáis necesariamente en el ámbito de la ideas que ya tenéis: además lo que esperáis, de algún modo ya está ahí. No hay nadie entre vosotros que ante un texto o un espectáculo pueda resistir la tentación de decir: “Esto ES TEATRO” o al contrario: “Esto NO ES TEATRO.(…) Pero las novedades, incluso las absolutas, como bien sabéis, no son nunca ideales, sino siempre concretas. Por tanto su verdad y su necesidad son mezquinas, fastidiosas y decepcionantes: o no se reconocen o se discuten remitiéndolas a las viejas costumbres.

Pier Paolo Pasolini[1]

No deberíamos distraernos demasiado por el hecho incuestionable de que no es más necesaria la poesía política que seguir insistiendo en los intentos liberadores de la acción social organizada

Enrique Falcón[2]

 

1/ Interrogaciones

Desde la hipotética ruptura entre lo moderno y lo contemporáneo[3] los limites del arte no han parado de ensancharse, los limites de lo político tampoco –especialmente a partir de la renovación de la dialéctica publico/privado impulsada por el aserto feminista[4]: “lo personal es político”. A partir de la disolución de ambos umbrales y del ensanchamiento de su espacio de intersección –que ha ido desde la pintura histórica a las propuestas activistas y la acción colectiva–, la categoría “arte político” necesariamente dibuja una frontera difusa. La diversidad de planteamientos y modos de hacer (a menudo encontrados) que se han venido nombrando como arte político evidenciarían la inextricable relación entre el arte y la política. Como dice Jacques Rancière esa diversidad estratégica “pone de manifiesto una incertidumbre fundamental sobre la configuración misma del territorio del conflicto, sobre lo que es la política y sobre lo que hace el arte”[5]. Habría entonces que distinguir entre dos problemas diferentes pero íntimamente relacionados: de una parte las maneras en que la política atraviesa y condiciona al arte; de otra las posibilidades del arte político para ser o hacer política a partir de su dimensión estética. Así que desde un punto de vista pragmático y dadas: 1) la debilidad epistemológica de la categoría arte político (que es cualquier cosa menos unívoca) y 2) que la crítica mas frecuente expresa cierta frustración entre las aperturas de sentido que produce el arte y su escasa influencia en la realidad política, la movilización social o el imaginario colectivo, es decir que plantea la condición enigmática de este como un obstáculo para la eficacia política, quizá lo mas útil sea interrogarse antes no tanto por la categoría “arte político” como por la condición política del hecho artístico y las consecuencias que esta condición tiene sobre la acción del arte político. En otras palabras, pensar en una “arqueología” del arte político para tratar de comprender cuales son posibilidades y cuáles sus consecuencias.

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LA RÉPLICA INFIEL: Cambiar el orden. Materializar la mirada. Ver para creer

 Nadie en su sano juicio intentará cultivar uvas por medio de la luminosidad de la palabra “día”, pero es difícil no concebir la forma de nuestra existencia pasada y futura de acuerdo con esquemas temporales y espaciales que pertenecen a narrativas de ficción y no al mundo.[1]

Paul de Man

 Hay algo que no podemos ver y sin embargo vemos. Algo que no podemos decir y que sin embargo decimos. Imposible es lo que no se ve, y lo que no se ve no se ve por efecto de una modelación del imaginario. Llegados a cierto punto, el área de lo posible se amplía, el área de lo pronunciable se expande, el área de lo visible se agranda. Y de esta ampliación de la enunciación surgen el movimiento estudiantil, el antiautoritarismo, el rechazo del trabajo obrero, el igualitarismo, la explosión de la palabra irrealista que se hace imaginario, que se hace vida cotidiana.[2]

Franco Berardi (Bifo)

Prefacio

Este escrito proviene de numerosas conversaciones que tuvieron lugar con Nuria Enguita y Xisco Mensua destinadas a definir en común las líneas argumentales de La réplica infiel. Nuestra inquietud inicial tenía que ver con el orden en la producción del discurso artístico contemporáneo. Nos preocupaba la creciente dependencia del dominio teórico, su conversión, por la vía institucional, en una ideología[3] que domina y acota a priori el acontecimiento. Cómo la sacralización de la palabra a cargo, no ya del pensamiento, sino del aparato burocrático habría, como dice Ferlosio, “apagado toda virtualidad significante para adquirir poder performativo”, buscando de esa manera “no ser entendida sino obedecida”[4]. De manera que esa palabra, burocratizada y autónoma, estaría hoy no solo falsificando su relación con el hecho artístico, sino condicionando su producción. Interrogarnos sobre la lucha de fuerzas en la construcción del significado nos trasladaba necesariamente a otra cuestión que ha resultado central: la discusión sobre los límites y la potencia del arte en tanto que acto de habla e invención, en combate desde y contra su propio método y las tradiciones y condiciones que lo endiosan o lo instrumentalizan.

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“De adversidade vivemos”. Arte crítico en tiempos del Estado precario

“(…) y si la guerra contra el Tiempo en el tiempo tiene que moverse, ello es algo así como que el combate del durmiente contra su sueño se desarrolla entre las sábanas de su cama; pero los ensueños conservadores del sueño se las convierten en mares y montañas, y todo allí dura istantes o dura años indiferentemente, y sólo el despertar denuncia la vanidad de aquellas duraciones, para hacerle recaer en la duración real, que sólo otro despertar podría a su vez denunciar como vano ensueño. Así la rebelión no dura ni poco ni mucho, ni tarda ni se adelanta, justamente porque el que dura y el que progresa es, como se sabe, el Mundo enemigo contra el que ella se levanta”

Comunicado URGENTE contra el Despilfarro (1972). A. García Calvo

“De adversidade vivemos”

Esquema Geral da Nova Objetividade (1967). Helio Oiticica

Introducción.

Este texto tiene su origen en una conferencia impartida en el contexto de Art public. Universitat pública, un proyecto impulsado por José Luis Pérez Pont que alcanza su quincuagésima edición, larguísimo recorrido y cosa extraña en un lugar como este, donde el capricho político tiende a convertir cualquier iniciativa cultural con vocación crítica en flor de un día (eso si llegan a florecer). El nombre del proyecto insiste en la consideración pública del arte y de la universidad, una función que, en los tiempos que corren, parece puesta en cuestión. El texto siguiente trata de eso precisamente, es una reflexión sobre las posibilidades y el sentido de  las prácticas artísticas como pensamiento crítico y  función pública.

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Pensar/decir/intervenir. Entrevista a Graciela Carnevale.

Esta conversación tuvo lugar el 8 de Octubre de 2012 en la galería de arte Espaivisor de Valencia, en el contexto de la exposición Encuentro-Conversaciones–Momentos y tras tres días de debates en un taller, coordinado por AVVAC[1], destinado a pensar la vigencia de la experiencia Argentina de los 60 y la influencia de las situaciones socio-políticas en la producción artística.

Entrevista publicada en la revista Concreta nº01

– Cuando veo las imágenes de El encierro[2], me viene al recuerdo El Ángel exterminador de Luis Buñuel: ¿En algún momento tuviste presente esta película ?

–No, para nada, no la he tenido presente. Para mí era algo existencial o vivencial, era como sentir la represión en el cuerpo, porque en ese momento era esta la cuestión: poner el cuerpo y decir que sentías la represión. No era solo una cuestión intelectual, era la vida misma en el propio cuerpo. Era pensar o querer concientizar, generar un pensamiento critico, involucrarnos en algo; con esta idea de la revolución, y de la revolución por medios violentos. Era plantearnos que no podíamos quedarnos en nuestras casas, –y esa era también la situación por la cual abandonar la galería o el campo específico del arte– porque la vida y la lucha pasaban en la calle. Era algo así como decir: no te puedes quedar encerrado sin hacer nada o pensando que algo va a cambiar sin que participes. Fue eso, provocar una violencia. Yo por mi naturaleza no soy violenta, pero fue realmente una violencia muy fuerte; terrible. Pero la idea no era la de provocar, por sadismo, una situación desagradable o violenta, sino la de realmente preguntarnos que hacemos con esa violencia que diariamente cae sobre nosotros y que de alguna manera nos esta constituyendo. Además, cuando me fui a encerrar en mi taller yo no tenia ni idea de que pasaba (entonces no había teléfonos móviles).

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El miedo a los extraños en la ciudad de la posdemocracia

 

Cada persona retirada dentro de sí misma, se comporta como si fuera un extraño al destino de todos los demás. Sus hijos y sus buenos amigos constituyen para él la totalidad de la especie humana. En cuanto a las relaciones con sus conciudadanos, puede mezclarse entre ellos, pero no los ve; los toca, pero no los siente; él existe solamente en sí mismo y para él solo. (Tocqueville)

Los niños de Alphaville –un paraíso residencial al oeste de Sao Paulo– no pueden salir sin ir acompañados de sus padres, los menores de dieciocho años necesitan un permiso escrito; para entrar en Alphaville todos los visitantes tienen que identificarse y solo se les permite pasar tras autorización telefónica; cualquier vehículo de proveedores es registrado mientras los operarios son cacheados al entrar y salir; la contratación del personal doméstico debe ser supervisada y autorizada por el servicio de seguridad. Alphaville esta protegido por altos muros, faros buscadores y un sofisticado sistema de vigilancia electrónico; su interior es patrullado por cuatrocientos guardias autorizados a disparar contra cualquier intruso – aunque vaya desarmado y no amenace a nadie –. Sus alrededores los vigilan unidades especiales provistas de rifles Taurus del calibre 12, con cañones recortados, “para poder dar a cinco o seis personas a la vez” –según declara el jefe de seguridad de esta zona residencial– (más…)