La post-política (según S. Zizek)

(…) A veces, el paso desde lo verdaderamente político a lo policial puede consistir tan sólo en sustituir un artículo determinado por uno indeterminado, como en el caso de las masas germanas que se manifestaban contra el régimen comunista de los últimos días de la RDA: primero gritaron ¡Nosotros somos EL pueblo! (Wir sind das Volk) realizando así el acto de la politización en su forma más pura (ellos, los excluidos, el “residuo” contrarrevolucionario excluido del Pueblo oficial, sin hueco en el espacio oficial -o, mejor dicho, con el que les asignaba el poder oficial con epítetos como contrarrevolucionanos, hooligans o, en el mejor de los casos, “víctimas de la propaganda burguesa”-, ellos, precisamente, reivindicaron la representación DEL pueblo, de “todos”); pero, al cabo de unos días, el eslogan pasó a ser Nosotros somos UN pueblo!” (Wir sind ein Volk!), marcando así el rápido cierre de esa apertura hacia la verdadera política; el empuje democrático quedaba reconducido hacia el proyecto de reunificación alemana y se adentraba así en el orden policiaco/politíico liberalcapitalista de la Alemania occidental.

Son varias las negaciones que de este momento político, de esta verdadera lógica del conflicto político, pueden darse:

–La archi-política: los intentos “pcomunitaristas” de definir un espacio social organicamente estructurado, tradicional y homogéneo que no deje resquicios desde los que pueda emerger el momento/acontecimiento político.

–La para-política: el intento de despolitizar la política (llevándola a la lógica policiaca): se acepta el conflicto político pero se reformula como una competición entre partidos y/o actores autorizados que, dentro del espacio de la representatividad, aspiran a ocupar (temporalmente) el poder ejecutivo(esta parapolítica ha conocido, como es sabido, sucesivas versiones a lo largo de la historia: la principal ruptura es aquella entre su formulación clásica y la moderna u hobbesiana centrada en la problemática del contrato social, de la alienación de los derechos individuales ante la emergencia del poder soberano (La ética de Habermas o la de Rawls representan, quizás los últimos vestigios filosóficos de esta actitud: el intento de eliminar el antagonismo de la política ciñéndose a unas reglas claras que permitirían evitar que el proceso de discusión llegue a ser verdaderamente político);

–La meta-política marxista (o socialista utópica): reconoce plenamente la existencia del conflicto político, pero como un teatro de sombras chinas en el que se reflejan acontecimientos que en verdad pertenecerían a otro escenario (el de los procesos económicos): el fin último de la “verdadera” política sería por tanto, su autoanulación, la transformación de la “administración de los pueblos” en una “administración de las cosas” dentro de un orden racional absolutamente autotransparente regido por la Voluntad colectiva (El marxismo, en realidad, es más ambiguo, porque el concepto de “economía política” permite el ademán opuesto de introducir la política en el corazón mismo de la economía, es decir, denunciar el carácter “apolítico” de los procesos económicos como la máxima ilusión ideológica. La lucha de clases no “expresa” ninguna contradicción económica objetiva, sino que es la forma de existencia de estas contradicciones);

Podríamos definir la cuarta forma de negación, la más insidiosa y radical (y que Rancière no menciona), como ultra-política: el intento de despolitizar el conflicto extremándolo mediante la militarización directa de la política es decir, reformulando la política como una guerra entre “nosotros” y “ellos“, nuestro Enemigo, eliminando cualquier terreno compartido en el que desarrollar el conflicto simbólico (resulta muy significativo que, en lugar de lucha de clases, la derecha radical hable de guerra entre clases (o entre los sexos).

Cada uno de estos cuatro supuestos representan otros tantos intentos de neutralizar la dimensión propiamente traumática de lo político: eso que apareció en la Antigua Grecia con el nombre de demos para reclamar sus derechos. La filosofía política, desde su origen (desde La República de Platón) hasta el reciente renacer de la “filosofía política” liberal, ha venido siendo un esfuerzo por anular la fuerza desestabilizadora de lo político, por negarla y/o regularla de una manera u otra y favorecer así el retorno a un cuerpo social pre-político, por fijar las reglas de la competición política, etc.

El marco metafórico que usemos para comprender el proceso político no es, por tanto, nunca inocente o neutral: “esquematiza“ el significado concreto de la política. La ultra-política recurre al modelo bélico: la política es entonces una forma de guerra social, una relación con el enemigo, con “ellos”. La archi-política opta por el modelo médico: la sociedad es entonces un cuerpo compuesto. un organismo, y las divisiones sociales son las enfermedades de ese organismo, aquello contra lo que hay que luchar; nuestro enemigo es una intrusión cancerígena, un parásito pestilente, que debe ser exterminado para recuperar la salud del cuerpo social. La para-política usa el modelo de la competición agonística que, como en una manifestación deportiva, se rige por determinadas normas aceptadas por todos. La meta-política recurre al modelo del procedimientoinstrumental tecno-científico, mientras que la post-política acude al modelo de la negociación empresarial y del compromiso estratégico.

La post-política…

La “filosofía política”, en todas sus versiones, es, por tanto, una suerte de “formación defensiva“ (hasta se podría construir su tipología retomando las distintas modalidades de defensa frente a las experiencias traumáticas estudiadas por el psicoanálisis). Hoy en día, sin embargo, asistimos a una nueva forma de negación de lo político: la postmoderna post-política, no ya sólo “reprime” lo político, intentando contenerlo y pacificar la “reemergencia de lo reprimido”, sino que, con mayor eficacia, lo “excluye”, de modo que las formas postmodernas de la violencia étnica, con su desmedido carácter “irracional”, no son ya simples “retornos de lo reprimido”, sino que suponen una exclusión (de lo Simbólico) que, como sabemos desde Lacan, acaba regresando a lo Real. En la post-política el conflicto enfle las visiones ideológicas globales, encarnadas por los distintos partidos que compiten por el poder queda sustituido por la colaboración entre los tecnócratas ilustrados (economistas, expertos en opinión pública…) y los liberales multiculturalistas: mediante la negociación de los intereses se alcanza un acuerdo que adquiere la forma del consenso más o menos universal. De esta manera, la post-política subraya la necesidad de abandonar las viejas divisiones ideológicas y de resolver las nuevas problemáticas con ayuda de la necesaria competencia del experto y deliberando libremente tomando en cuenta las peticiones y exigencias puntuales de la gente. Quizás, la fórmula que mejor exprese esta paradoja de la post-política es la que usó Tony Blair para definir el New Labour como el “centro radical” (radical centre): en los viejos tiempos de las divisiones políticas “ideológicas”, el término “radical” estaba reservado o a la extrema izquierda o a la extrema derecha. El centro era, por definición, moderado: conforme a los viejos criterios, el concepto de Radical Centre es tan absurdo como el de “radical moderación“.

Lo que el New Labour (o, en su día, la política de Clinton tiene de radical, es su radical abandono de las “viejas divisiones ideológicas“; abandono a menudo expresado con una paráfrasis del conocido lema de Deng Xiaoping de los años sesenta: “Poco importa si el gato es blanco o pardo, con tal de que cace ratones”. En este sentido, los promotores del New Labour suelen subrayar la pertinencia de prescindir de los prejuicios y aplicar las buenas ideas, vengan de donde vengan (ideológicamente). Pero, ¿cuáles son esas “buenas ideas“? La respuesta es obvia las que funcionan. Estamos ante el foso que separa el verdadero acto político de la “gestión de las cuestiones sociales dentro del marco de las actuales relaciones sociopolíticas”: el verdadero acto político (la intervención) no es simplemente cualquier cosa que funcione en el contexto de las relaciones existentes, sino precisamente aquello que modifica el contexto que determina el funcionamiento de las cosas. Sostener que las buenas ideas son “las que funcionan” significa aceptar de antemano la constelación (el capitalismo global) que establece qué puede funcionar (por ejemplo, gastar demasiado en educación o sanidad “no funciona”, porque se entorpecen las condiciones de la ganancia capitalista). Todo esto puede expresarse recurriendo a la conocida definición de a polítia como “arte de lo posible”: la verdadera política es exactamente lo contrario: es el arte de lo imposible, es cambiar los parámetros de lo que se considera “posible” en la constelación existente en el momento. En este sentido, la visita de Nixon a China y el consiguiente establecimiento de relaciones diplomáticas entre los EE.UU. y China fue un tipo de acto político, en cuanto modificó de hecho los parámetros de lo que se consideraba “posible” (“factible”) en el ámbito de las relaciones internacionales, Sí: se puede hacer lo impensable y hablar normalmente con el enemigo más acérrimo.

Según una de las tesis hoy en día más en boga estaríamos ante el umbral de una nueva sociedad medieval, escondida tras un Nuevo Orden Mundial. El atisbo de verdad de esta comparación está en el hecho de que el nuevo orden mundial es, como el Medioevo, global pero no es universal, en la medida en que este nuevo ORDEN planetario pretende que cada parte ocupe el lugar que se le asigne. El típico defensor del actual liberalismo mete en un mismo saco las protestas de los trabajadores que luchan contra la limitación de sus derechos y el persistente apego de la derecha con la herencia cultural de Occidente: percibe ambos como penosos residuos de la “edad de la ideología”, sin vigencia alguna en el actual universo post-ideológico. Esas dos formas de resistencia frente a la globalización siguen, sin embargo, dos lógicas absolutamente incompatibles: la derecha señala la amenaza que, para la PARTICULAR identidad comunitaria (ethnos o hábitat), supone la embestida de La globalización, mientras que para la izquierda la dimensión amenazada es la de la politización, la articulación de exigencias UNIVERSALES “imposibles“ (“imposibles” la lógica del actual orden mundial). Conviene aquí contraponer globalización a universalización. La “globalización”,(entendida no sólo como capitalismo global o mercado planetario, sino también como afirmación de la “humanidad” en cuanto referente global de los derechos humanos en nombre del cual se legitiman violaciones de la soberanía estatal, intervenciones policiales. restricciones comerciales o agresiones militares directas ahí donde no se respetan los derechos humanos globales) es, precisamente, la palabra que define esa emergente lógica post-política que poco a poco elimina la dimensión de universalidad que aparece con la verdadera politización. La paradoja está en que no existe ningún verdadero universal sin conflicto político, sin una “parte sin parte”, sin una entidad desconectada. desubicada, que se presente y/o se manifieste como representante del universal

Fragmento de En defensa de la Intolerancia de Slavoj Zizek

la guerra y lo doméstico

DISONANCIA, DOMESTICIDAD Y TRAVESTISMO, 3ESTRATEGIAS FEMINISTAS PARA DESMANTELAR ENTORNOS COTIDIANOS. María García Ruiz. Mayo 2008.

(…) todas las casas son (casi) iguales (salón-cocina-baño-dormitorios), todas las escuelas, hospitales, oficinas, etc. Para crear la realidad del agenciamiento entre arquitectura y actividad hace falta una repetición de las formas en el tiempo que sea capaz de crear un consenso general y cerrar e invisibilizar las controversias iniciales que se dieron en el momento de la creación. Esto significa un proceso de naturalización de las formas arquitectónicas y de automatización de comportamientos dentro de
ellas.

Mark Wigley (4) cuenta en su ensayo Gender House que en los tratados de Alberti sobre la arquitectura doméstica del Renacimiento surge en un momento dado una nueva habitación: el estudio. Esta habitación se crea (evidentemente para el hombre) para la administración de la casa, para escribir y para otros asuntos políticos. A la vez que se crea esta habitación (arquitectura) hay una creación política y subjetiva, política porque se convierte en un derecho de todo ciudadano y subjetiva porque se crea el deseo (de tener una). A la vez que surge el estudio para los hombres, surge el vestidor para las mujeres, y sus consecuentes construcciones sociales, políticas y subjetivas.
Esto es un ejemplo más de cómo la invención de los espacios es una escritura social compleja,que se imbrica con cuestiones políticas, de género, etc.

Como dice Eduardo Serrano (5), habitante y habitación se construyen mutuamente.

Aquí podemos imaginar las continuas y mutuas construcciones que se han ido orquestando a lo largo de la historia de la arquitectura: la arquitecturización de lo domestico, de las instituciones, del espacio público; a la vez que la construcción de la familia, de los alumnos o pacientes, y de los ciudadanos (6). Estas construcciones implican la definición de varias cosas: por ejemplo, de lo que es público y de lo que es privado (dicotomía que es constantemente redefinida, y quesiempre ha tenido una relación directa con la construcción de los roles de género). También, la construcción de la distinción y del lujo (a través, por ejemplo de la calidad de materiales y delos tamaños de los espacios). Otro: la construcción del poder, (que está fuertemente representada por la monumentalización, la jerarquía espacial y el control de las vistas). Beatriz Colomina (7) añade una dimensión más a esta compleja construcción de lo doméstico: la guerra. Y lo hace a partir del análisis de un momento concreto: los años 50 en EEUU.

En los años 50 surge toda una cultura de culto a lo doméstico en los EEUU. La arquitectura moderna se instala como hábitat idílico para el consumo de masas. La explosión de electrodomésticos de todo tipo para equipar la casa, hacen de la tecnología una aliada para mejorar la calidad de vida. Pero todo este ambiente, la consolidación de la arquitectura moderna, es inseparable de la guerra, ya que directamente recicla técnicas, materiales y métodos de ella. La guerra no desaparece. Más bien se prolonga en el consumo de losproductos derivados de la tecnología y de la eficiencia militar. (8)
Y baste el ejemplo de la compañía que los arquitectos Charles y Ray Eames formaron con John Entenza, fabricaban contrachapado que durante la guerra se usaba como tablillas para inmovilizar las piernas de los lisiados y que más tarde (a través de toda una maquinaria compleja de diseño y publicidad, que incluye diseñadores, arquitectos y revistas) se recicla como material de objetos domésticos (juguetes para niños, muebles, adornos, etc.). (9)

Miches Serres escribe que la guerra es un contrato (10). Y que más allá de terminar, la guerra se prolonga a través de otras acciones que tienen que ver con el poder (por ejemplo a través de la dominación). En este caso, ese poder se traduce a través del consumo y de la producción y mantenimiento de una domesticidad ideal.Durante la guerra fría, la domesticidad misma se convierte en arma, las fotos de ambientes domésticos ultra-felices con sonrisa fija, son exportados a todo el mundo como muestra propagandística del triunfo del estilo de vida norteamericano.Y a su vez, la domesticidad misma se convierte en campo de batalla. Por un lado gracias a la televisión (que importa al espacio privado las batallas de la guerra) y por otro gracias al césped,batalla incansable de toda familia suburbana. Cuidar el césped, a parte de suponer un pasatiempo que ahorra gasolina, neumáticos y transporte público (útiles para la guerra), se convierte tras la guerra en la mejor terapia para los problemas mentales. Las mujeres devienen así enfermeras y se anima a la población civil a cuidar de sí misma (a través de las mujeres,por supuesto). Las depresiones de las amas de casa, se unen a las depresiones de los veteranos, y se acucia así la preocupación fundamental de posguerra: las enfermedadesmentales, que se ven además incrementadas por el aislamiento típico de esta forma de vida suburbial.

Las batallas contra los insectos y los topos del jardín se articulan como estrategias militares,llegando a denominar el DDT como la bomba atómica del mundo de los insectos. La violencia se transmite desde los campos de batalla hasta los hogares pasando por revistas de jardinería y productos insecticidas.Los refugios antibombas de la guerra fría, reproducen, de una manera espeluznante, la fuerte ambigüedad estructural de los suburbios norteamericanos: por un lado la amenaza de la
aniquilación total y por otro la creación feliz de un entorno doméstico hiper-equipado.

A través de todo el libro (11), Beatriz Colomina nos hace un recorrido visual (el libro es doble,teniendo las mismas páginas de imágenes que de texto) por todos estos dispositivos queimbrican tan íntimamente la construcción de los entornos domésticos (que además son elcomienzo de la domesticidad tal y cómo la entendemos actualmente) y la guerra (las guerras).Estos dispositivos van desde revistas de diseño y arquitectura, materiales (como elcontrachapado), técnicas, casas, estrategias de comportamiento, publicidad, etc. Y estánfuertemente atravesadas por una construcción muy determinada de los géneros y la diferencia sexual, de la feminidad y de la masculinidad. No me quiero extender en este punto, ya que
cualquiera que haya visto alguna vez imágenes publicitarias de los 50 es capaz de atisbar la diferencia de los roles entre hombres y mujeres, de cómo la mujer se presenta como una prótesis de la casa (de la domesticidad, de la organización interior) además de con atributos femeninos exageradamente impostados y el hombre como prótesis del coche (de la comunicación, de la organización exterior) y siempre asociado a las macro-tecnologías y a las decisiones importantes.

Es por ello que las nuevas tecnologías del hogar y los nuevos diseños de casas se infiltran a través de revistas para mujeres. Es por ello también que se incita deliberadamente a las mujeres a cuidar de la población civil en tiempos de guerra (cuando el estado no da abasto). Y también es por esto, por lo que se exige a los hombres el total control de la situación y de sus emociones.

Lo que quiero decir con todo esto, es que para que el agenciamiento guerra-domesticidad funcione, lo tiene que hacer apoyado en todo el aparataje heteronormativo de la familia y de la construcción de sus roles. Y que además todo esto es performativo, es decir, se incentivan, serepiten y se reproducen todas las desigualdades sociales, (a través de la técnica y de multitudde dispositivos), desde la casa hasta el campo de batalla y viceversa.

(4) “Sexuality and space”. Varios autores. Beatriz Colomina, editora.
(5) Eduardo Serrano, en el texto: “Sobre la triste historia de la puñetera vivienda”
(6) Un claro desarrollo de esta construcción mutua entre la ciudad y sus ciudadanos, y más concretamente entre las estrategias de desarrollo de las ciudades y la forma de entender sus cuerpos, se puede encontrar en el libro “Carne y Piedra” de Richard Sennnet.
(7) Beatriz Colomina: “La domesticidad en guerra”.
(8) Beatriz Colomina: “La domesticidad en guerra”.
(9) Beatriz Colomina: “La domesticidad en guerra”.
(10) Michel Serres : “El contrato natural”.
(11)Beatriz Colomina: “La domesticidad en guerra”.

Dominadores y dominados (P. Bourdieu, “Espíritus de estado. Génesis y estructura del campo burocrático”)

El orden simbólico se asienta sobre la imposición al conjunto de los agentes de estructuras cognitivas que deben una parte de su consistencia y de su resistencia al hecho de ser, por lo menos en apariencia, coherentes y sistemáticas y de estar objetivamente en consonancia con las estructuras objetivas del mundo social. Esta consonancia inmediata y tácita (en todo opuesta a un contrato explícito) fundamenta la relación de sumisión dóxica que nos ata, a través de todos los lazos del inconsciente, al orden establecido. El reconocimiento de la legitimidad no es, como cree Max Weber, un acto libre de la conciencia clara. Está arraigada en la consonancia inmediata entre las estructuras incorporadas, que se han convenido en inconscientes, como las que organizan los ritmos temporales (por ejemplo la división en horas, absolutamente arbitraria, de la agenda escolar), y las estructuras objetivas.

Esta consonancia prerreflexiva explica la facilidad, en definitiva harto insólita, con la que los dominantes imponen su dominación: “Nada hay más sorprendente para quienes consideran los asuntos humanos con mirada filosófica que ver la facuidad con la que los más (the many) están gobernados por los menos (the few) y que observar la sumisión implícita con la que los hombres revocan sus propios sentimientos y pasiones en favor de sus dirigentes. Cuando nos preguntamos mediante qué medios se lleva a cabo esta cosa tan asombrosa, encontramos que, como la fuerza siempre está de parte de los gobernados, los gobernantes sólo cuentan con la opinión pan sostenerse. Por lo tanto únicamente sobre la opinión se basa el gobierno y esta máxima es extensiva para los gobiernos más despóticos y militares así como para los más libres y más populares.”(1) El asombro de Hume hace que surja la cuestión fundamental de cualquier filosofía política, cuestión que se oculta, paradójicamente, al plantear un problema que no se plantea realmente como tal en la existencia corriente, el de la legitimidad. En efecto, lo que plantea un problema es que, en lo esencial, el orden establecido no plantea ningún problema; que, excepto en las situaciones de crisis, la cuestión de la legitimidad del Estado, y del orden que instituye, no se plantea. El Estado no precisa necesariamente dar órdenes, y ejercer una coerción física para producir un mundo social ordenado: no mientras esté en disposición de producir unas estructuras cognitivas incorporadas que sean acordes con las estructuras objetivas y de garantizar de este modo la creencia de la que hablaba Hume, la sumisión dóxica al orden establecido.

Una vez dicho esto, no hay que olvidar que esta creencia política primordial, esta doxa, es una ortodoxia, una visión asumida, dominante, que sólo al cabo de las luchas contra las visiones contrarias ha conseguido imponerse; y que la “actitud natural” de la que hablan los fenomenólogos, es decir la experiencia primera del mundo del sentido común, es una relación políticamente construida, como las categorías de percepción que la hacen posible. Lo que hoy en día se manifiesta de un modo evidente, más allá de la conciencia y de la elección, ha constituido, a menudo, el envite de luchas y no se ha instituido más que tras enfrentamientos entre dominantes y dominados. El efecto principal de la evolución histórica estriba en abolir la historia, remitiendo al pasado, es decir al inconsciente, las posibilidades laterales que han resultado descartadas.

(1). D. Hume, “On the Fine Principles of the Government”, Essays and Treatises on Several Subjects, 1758.

P. Bourdieu, “Espíritus de estado. Génesis y estructura del campo burocrático”, en: Razones prácticas. Sobre la teoría de laacción . Ed. Angrama 1997-2002

La crítica (M. Foucault.¿Que es la crítica?)

“Quiero decir que, en este gran inquietud acerca de la manera de gobernar y en la busqueda de las maneras de gobernar, se encuentra una cuestión perpetua que sería: “cómo no ser gobernados de esa forma, por ése, en nombre de esos principios, en vista de tales objetivos y por medio de tales procedimientos, no de esa forma , no para eso, no por ellos”; y si damos a este movimiento de la gubernamentalización de la sociedad y de los individuos a la vez, la inserción histórica y la amplitud que creo que ha sido la suya, parce que podríamos situar aquí lo que llamaríamos la actitud crítica. Enfrente y como contrapartida, o más bien como compañero y adversario a la vez de las artes de gobernar, como manera de desconfiar de ellas, de recusarlas, de limitarlas, de encontrarles una justa medida, de transformarlas, de intentar escapar a estas artes de gobernar o, en todo caso, desplazarlas, a título de reticencia esencial, pero tambien y por ello mismo como línea de desarrollo de las artes de gobernar, habría habido algo que habría nacido en Europa en ese momento, una especie de forma cultural general, a la vez actitud moral y política, manera de pensar, etc., que yo llamaría simplemente el arte de no ser gobernado o incluso el arte de no ser gobernado de esa forma y a ese precio. Y por tanto propondría, como primera definición de la crítica, esta caracterización general: el arte de no ser de tal modo gobernado”.

M. Foucault.¿Que es la crítica?

La tiranía de Nadie. (Hannah Arendt. “Sobre la violencia” )

a “(…) los terminos empleados desde la antigüedad griega para definir las formas de gobierno como el dominio del hombre sobre el hombre –de uno o de unos pocos en la monarquía y en la oligarquía, de losmejores o de muchos en la aristocracia y en la democracia–. Hoy debemos añadir la última y quizá más formidable forma de semejante dominio: la burocracia o dominio de un complejo sistema de oficinas en donde no cabe hacer responsable a los hombres, ni a uno ni a los mejores, ni a pocos ni a muchos, y que podia ser adecuadamente definida como el dominio de Nadie. (Si, conforme al pensamiento político tradicional, identificamos la tiranía como el Gobieno que no está obligado a dar cuenta de sí mismo, el dominio de Nadie es claramente el mas tiránico de todos, pues no existe precisamente nadie al que pueda preguntarse por lo qu se está haciendo”

Hannah Arendt. Sobre la violencia

Bruegel. Parabola de los ciegos. 1568